Un porvenir civilizado y luminoso para los niños

Asegurar a los niños, que se harán cargo del futuro del país y la nación, las pacíficas y felices condiciones de vida y así hacer que ellos crezcan alegre y felizmente sin conocer jamás dolor y desgracia constituye el unánime deseo de la humanidad.

Con el propósito de presentar los reglamentos internacionales sobre los derechos fundamentales de los infantes y adoptar las soluciones de los problemas relacionados con los niños reflejando tal aspiración y demanda de la sociedad internacional se adoptó el 20 de noviembre de 1989 la Convención sobre los Derechos de Niños en la 44ª sesión de la Asamblea General de la ONU.

Gracias a la adopción de esta convención el trabajo de asegurar el bienestar y los derechos de los niños que en los tiempos pasados solo había venido siendo asunto de interés mundial, fue reconocido como un importante asunto internacional y al establecerse ordenadamente los fundamentos jurídicos y organizaciones de su ejecución e inspección se preparó una base que posibilita desenvolver este trabajo con mayor visión de perspectiva.

Durante más de 30 años desde aquel momento, aunque diversas organizaciones internacionales como el Comité de los Derechos de Niños y muchos países del mundo obtuvieron una serie de éxitos respetando la convención y tomando medidas legales y prácticas por su cumplimiento, el problema del aseguramiento de derechos infantiles sigue presentándose igual que antes como una tarea apremiante al que todos los países, naciones, regiones y organizaciones internacionales deben prestar atención y dedicar esfuerzos.

Actualmente, en todas las partes del mundo no cesan ni un momento los llantos de los niños que sufren calamidades a causa de la extrema crisis y guerras, así como provocan grandes preocupaciones de la sociedad internacional y trae solamente un futuro oscuro debido al rápido crecimiento del número de niños víctimas de los crímenes de toda índole que perjudican la existencia y derechos de los niños tales como el matrimonio prematuro, tráfico humano, violencia, entre otros.

Apreciar el futuro no es en absoluto un lenguaje poético sentimental.

Vivir dignamente con el alma de asumir siempre toda su responsabilidad ante las miradas de sus hijos y las generaciones venideras que heredan su sangre y espíritu y entregarse totalmente constituye el deber merecido de todas las personas del mundo.

Por eso, se puede decir que el problema del aseguramiento de los derechos infantiles es, antes de ser un problema para resolver mediante los reglamentos jurídicos internacionales y controles, un problema del que todas las personas tienen que hacerse cargo y resolver con su propia iniciativa con enfoque moral y ético en aras del futuro de su país y nación y del mundo.

La sociedad internacional tiene que erradicar cabalmente los males de toda índole que perjudican los sagrados derechos de los niños, protagonistas del futuro, y actos que sólo persiguen intereses inmediatos intereses inmediatos haciendo la vista gorda a los dolores y desgracias de ellos y esforzarse de modo activo por prepararles un porvenir aún más civilizado y luminoso.

Un futuro brillante se puede lograr sólo cultivándolo con mucho esfuerzo.