El culpable principal que destruye la paz y estabilidad de la región

Vivir en un mundo pacífico y estable constituye el unánime deseo de toda la humanidad.

Sin embargo, hay un país que se entrega a los actos que se oponen a esto.

En septiembre pasado, en Japón, fue revelado a través de los funcionarios del gobierno que, después de retirar el plan del desplegamiento de “Aegis Ashore”, misíl interceptor desplegado en tierra, se está examinando el plan de construir un buque diseñado exclusivamente para interceptar los misiles balísticos tomando como pretexto el “vacío de defensa”.

Dicen que en este buque diseñado exclusivamente para interceptar los misiles balísticos se cargarán un nuevo radar estadounidense 《SPY-7》 y dispositivo de lanzamiento de misíl de intercepción y el costo de la construcción de cada buque se calcula aproximadamente en varios centenares de millones de dólares.

A pesar de que Japón, para evitar las censuras internas y externas y cubrir el carácter agresivo, enfatiza que es “exclusivo para la intercepción”, es evidente que este se puede convertirse al instante en uno ofensivo en cualquier momento y que también es aun más peligroso que el desplegado en tierra tanto en su radio de operación como en su movilidad.

Lo más serio es que Japón elabora todos estos planes y los lleva a cabo tomando cada vez como pretexto la “amenaza” de los países vecinos.

Japón, que por una parte, desde la segunda mitad de la década de 90 del siglo pasado, modificó la “directriz de la cooperación de defensa Japón-EE.UU.” y acelera las maquinaciones de ajuste de legislación para la conversión en potencia militar y la realización de envío de tropas al extranjero tomando como pretexto la “situación de emergencia alrededor de Japón” tales como la “situación de emergencia en la Península Coreana” y la “situación de emergencia en el Estrecho de Taiwan” y por la otra parte vino reorganizando poco a poco la ubicación y la estructura de las fuerzas armadas del tipo defensivo al de tipo ofensivo a la par de la modernización de las “fuerzas de autodefensa”.

Especialmente después del inicio del segundo gobierno de Abe de 2012, la capacidad militar de Japón, desasosegado por la ambición de convertirse en potencia militar llegó a un grado en que de sobra provee totalmente de la apariencia de un estado capaz de hacer la guerra.

Para citar un ejemplo, el gobierno de Abe, en 2014 , cambiando la interpretación de la constitución, aprobó el empleo del “derecho de autodefensa colectiva” y adoptó la ley relativa al aseguramiento de la seguridad y así, dejando solamente en rótulo a la “defensa exclusiva” que tanto han venido balbuceando como muletillas, fabricó el marco legal que posibilita participar en las guerras de los países ajenos en cualquier región del mundo.

Además, al abolir los “3 principios de exportación de armas” que había venido prohibiendo de principios la exportación de armamentos y establecer los “3 principios de transferencia de equipos de defensa” en 2014, abrió el camino a la exportación al extranjero y desarrollo conjunto de equipos de defensa.

Recientemente aprovechándose de la oportunidad de haber retirado el plan de desplegamiento de “Aegis Ashore”, desenvuelve a todo vapor el debate sobre la nueva estrategia de seguridad que incluye la posesión de la “capacidad de ataque a base enemiga” comentando sobre el cambio del ambiente de seguridad de alrededor.

Hay un dicho que luce que el bandido grita bandido.

El hecho de que Japón que es un país criminal de guerra se aferra a las maquinaciones de la resurrección del militarismo bajo la ambición de convertirse nuevamente en el “caudillo” de la región en vez de liquidar la cuenta por los crímenes inauditos cometidos ante los pueblos de los países asiáticos en el siglo pasado, comente atrevidamente sobre la “amenaza” de los países de su alrededor constituye una extremidad del cinismo y abuso de palabra.

Todos los hechos muestran que Japón se torna nuevamente como una peligrosa fuerza de agresión que destruye la paz y la estabilidad de la región, igual que hace un siglo.

Tal como el que le gusta jugar con el fuego está destinado a morir quemado en el fuego, el fin de los que se aferran a las maquinaciones de agresión y guerra solo será trágico.

Japón no debe olvidar las lecciones de la historia.

 

Kim Sol Hwa, investigadora del Instituto de Estudio sobre Japón del Ministerio de Relaciones Exteriores de la República Popular Democrática de Corea