La gran consagración del verdadero padre

Las gentes generalmente dicen que la mayor desgracia de la vida humana es el dolor que sufren las personas a la temprana edad al perder a sus padres.

Eso es porque los padres dan a luz a los hijos, los abrazan y los cuidan con amor sin hipocresía ni egoísmo alguno durante todo el tiempo de su crecimiento y por eso no hay tristeza mayor que la tristeza de haber perdido a los padres.

Sin embargo, hay un mundo ideal que toma en cuenta las heridas del alma de los niños que nadie atiende y los forma dignamente llevándolos en sus brazos con un amor que ni los padres consanguíneos pueden dar, cuna de felicidad que realiza todos sus deseos.

Justo ese lugar es el regazo de nuestra patria socialista, el regazo generoso del estimado camarada Kim Jong Un que sostiene a los niños como reyes y tesoros más valiosos del país.

Los grandes esfuerzos duros que el estimado camarada Kim Jong Un dedicó para hacer que los huérfanos crezcan vigorosamente en las mejores condiciones recibiendo la mejor educación se convierten en risas de alegría de los niños que salen por cada ventana del palacio de la felicidad oyéndose resonantes en nuestra patria.

Es el agosto que hace latir ahora también el corazón por la emoción.

El 12 de agosto de 2014 en que las personas no se atrevían fácilmente a andar por la calle por el intenso calor asfixiante el estimado camarada Kim Jong Un que visitó al polvoriento terreno de construcción del Orfanato y Asilo Infantil de Pyongyang instruyó uno por uno sobre los problemas que se presentan en la construcción y los métodos de su solución recorriendo todo el recinto del edificio sin excepción alguna, lugar peligroso por estar en plena construcción.

Nuestros niños que presenciaron a través de la televisión la generosa imagen del Mariscal Kim Jong Un que siendo personalmente responsable de la obra de construcción dedica grandes empeños sin hacer caso de sus faldones empapados de sudor diciendo que hay que adornar el interior del Orfanato y el Asilo Infantil atractivamente acorde a la psicología infantil y construir sin defecto los lugares de recreo y de vida para que estos mismos puedan contribuir al desarrollo de la inteligencia y a la formación de las correctas cualidades morales de los huérfanos, lo llamaron reiteradamente con voz ahogada “padre” soltando lágrimas de emoción.

Cómo no llamarían por padre al estimado mariscal y no lo seguirían nuestros niños que recibieron hasta el nuevo palacio de felicidad gozando a plenitud de todas las felicidades del mundo que no podían desear. Pero en la sociedad capitalista los niños de su edad que perdieron a sus padres vagabundean por las calles sin casas, se convierten en víctimas del tráfico de seres humanos y del trabajo forzado y se suicidan maldiciendo a la sociedad que los abandonó.

Fue un agosto de la verdadera felicidad.

Todos los días y meses de la Corea socialista transcurren incesantemente justo gracias a esta gran fuerza de amor.

El Líder sigue el gran y largo camino de consagración realizando todos los trabajos duros con gusto y los niños arden el corazón con la decisión de crecer como verdaderos hijos del padre Mariscal. Justo aquí radican el verdadero aspecto y la eterna e inagotable vitalidad del sistema socialista de nuestro país que convierte en realidad el amor a la generación venidera y al futuro y la firme garantía que posibilita en lo adelante también el eterno avance victorioso de nuestra República.