Intolerable acto de infracción de la soberanía

Vivir y desarrollar independientemente por el camino escogido por sí mismo constituyen el anhelo de la humanidad.

Sin embargo, el hecho de que desde el principio del año se muestran actos de injerencia en los asuntos internos de países soberanos causa grandes preocupaciones de la sociedad internacional.

El pasado 8 de enero, el ministro del Poder Popular para Relaciones Exteriores de Venezuela, reveló y condenó la ruda injerencia en los asuntos internos de los países occidentales que congela la legal fuente financiero de su país e incita a las fuerzas antigubernamentales al derrocamiento del gobierno.

También los políticos y personajes del círculo social y de prensa de Uganda, exponiendo los hechos de que los diplomáticos del occidente  difunden rumores infundados sobre la elección general de Uganda y visitan a la personalidad de la oposición que tramó la conspiración de sublevación, elevaron las voces de censura de que ellos todavía intentan desenvolver una política injerencista como aquel padre que ordena a su hijo.

Tales actos de injerencia en los asuntos internos por parte del occidente constituyen justamente actos de infracción de la soberanía que se contraponen totalmente a las prácticas diplomáticas y derechos internacionales.

La Convención de Viena sobre las relaciones diplomáticas estipula que los diplomáticos asumen el deber de respetar las leyes y regulaciones del país de receptor y no interferir en los asuntos internos de aquel país.

En la ”Declaración sobre el Principio del Derecho Internacional relativo a las Relaciones Amistosas y Cooperación entre Estados conforme a la Carta de Naciones Unidas” que la sociedad internacional reconoce oficialmente también se estipula que ningún estado o grupos de estados tienen derecho a interferir en los asuntos externos e internos del país ajeno y que no se deben tolerar la organización, ayuda y respaldo financiero de los actos de derrocamiento encausados al cambio del sistema del país ajeno.

No podemos menos que considerar que el hecho de que los países occidentales, que se jactan de ser estados de derecho vociferando sobre el cumplimiento de las resoluciones de la ONU y derechos internacionales cada vez que tengan oportunidades, intervengan abiertamente en los asuntos internos de otros países y actúen arbitrariamente, constituye realmente un acto de dos caras.

El acto de sobreponer su concepto de valor e intereses por encima de los derechos internacionales, así como dividir y desintegrar a los estados soberanos y fuerzas independientes persiguiendo sus propias ganancias constituye la raíz de  la desgracia que destruye el orden de las relaciones internacionales basadas en el respeto mutuo, igualdad y beneficio mutuo entre los estados y somete a la humanidad a una inaudita calamidad.

Todos los países que aspiran a la independencia y justicia, en unión y colaboración entre sí, no deben tolerar en absoluto a ningún tipo de acto de intervención en los asuntos internos en la escena internacional y tienen que luchar activamente por realizar la genuina justicia internacional basada en el principio del respeto de la soberanía.