Jamás pueden coexistir la bandera olímpica y la “bandera del sol naciente”

La Olimpiada que anotó en el ancho de su bandera blanca a 5 continentes simbolizando la noble aspiración de la paz mundial, amistad, igualdad y unidad y que vino avanzando a través de una larga trayectoria de más de un siglo cumple hoy el año 126 de su comienzo.

Durante este período la Olimpiada se desarrolló no solo como un festival de deporte sino como un gran festival de la humanidad que sirve para el desarrollo sano y armonioso de la salud humano y que contribuye de modo activo a la construcción de una sociedad pacífica y equitativa donde se garantiza firmemente la dignidad del humano.

“Lo importante en la Olimpiada no es ganar sino participar.”

Esta es una oración muy significativa que hace presumir el verdadero ideal de la olimpiada.

Pese a que la humanidad vino esforzándose por la realización del ideal de cinco arcos desde los primeros días del movimiento olímpico existen ejemplos en que la Olimpiada sirvió de instrumento político y de víctima.

Justo la Olimpiada de Berlin de 1936 anotó una página desagradable en la historia olímpica como un intermediario del Nazismo.

La bandera y marca de los Nazis que se inundaron en los estadios durante el período de la Olimpiada de Berlin fabricaron ruidosamente el “aspecto del amante de paz” de la “raza ariana”. Sin embargo, esta no pasaba de ser más que un disfraz para inculcar el chovinismo y ultranacionalismo y cubrir el desencadenamiento de una nueva guerra mundial detrás del rótulo de “paz”, “igualdad” y más tarde esta bandera y marca lanzaron a la humanidad mundial en los catástrofes, masacres, inquietudes y terrores.

Hoy día hay un país que trata de reproducir esa página criminal que ha ensuciado la historia y ese es Japón.

El mapa que marcó el sagrado territorio del pueblo coreano desde la antigüedad “Tok” como su “territorio” y el Mar del Este de Corea como el “Mar de Japón” apareció sin vergüenza en el sitio web del comité de organización de la Olimpiada de Tokyo.

Se dio el permiso durante el período de la Olimpiada el uso de la “bandera del sol naciente”, la cual se ondeaba en los lugares de la invasión de agresión contra los países asiáticos en los días pasados y que hace recordar a los países asiáticos sus pasados de lesiones y sufrimientos.

Todo esto es una plena manifestación de la feroz y astuta ambición de expansión territorial de Japón y la ilusión militarista que desea realizar a toda costa el sueño del pasado de “la Esfera de Coprosperidad de la Gran Asia Oriental” siendo el caudillo de Asia.

No se puede tolerar este imprudente acto de las autoridades de Japón de convertir al sagrado lugar de la Olimpiada de amistad y unidad por la paz e igualdad en el de exhibición propagandística para justificar y legalizar sus ambiciones políticas engañando al mundo.

Se puede decir que este juego de azar político que va contra el sentimiento público también merece un severo castigo.