Hay que saldarse sin falta las cuentas por los crímenes sin precedentes

Al revisar en retrospectiva las páginas de la pasada historia de la humanidad, están registradas las brutalidades criminales del agresor que en pleno día regateó y jugó a su antojo con el sagrado territorio de un país ajeno y la dignidad y soberanía de una nación y eso es justamente el bandidesco “acuerdo Katsura-Taft”.

A pesar de que han transcurrido 115 años desde aquel entonces, ese ilegal documento de agresión se halla hasta hoy día como una herida de la historia, de gran dolor y anegada en sangre, como una congestión del rencor en el alma de nuestro pueblo y, por mucho que transcurra el tiempo y cambien las generaciones, jamás podemos olvidar aquel día.

En las conversaciones secretas de Tokyo que tuvieron lugar entre el premier japonés Katsura y el secretario de guerra de EE.UU. Taft, el 29 de julio de 1905 , se inventó, mediante la forma de intercambio de nota verbal, el “acuerdo Katsura-Taft” cuyo contenido consiste en que a cambio de que Japón apoye la ocupación norteamericana de Filipinas, EE.UU. asegura el derecho japonés de metrópoli sobre Corea.

Mediante la invención del “acuerdo”, el imperialismo japonés pudo ganar de las potencias de América y Europa el derecho a la ocupación y dominación sobre Corea, aceleró aun más las maquinaciones de agresión y ocupación ilegales y ocupó a Corea y pudo así ampliar la guerra de agresión sobre Asia tomando como base avanzada a Corea.

El hecho de que los imperialistas se sentaron juntos a regatear el destino de una nación y el territorio de un país ajeno con su soberanía estatal plenamente vigente y llegaron a inventar hasta un acuerdo ilegal y atroz, constituye un acto de violación de la soberanía de un estado y crimen de talla especial cuyas cuentas deben saldarse cabalmente de generación en generación.

El propio hecho de que el contenido del “acuerdo” secreto, por ser clasificado como secreto absoluto, fue descubierto solo después de 20 años en el archivo del Departamento de Estado de EE.UU., y que Japón se deshizo de hasta su mínima huella, nos da a conocer fácilmente cuán ilegal fue en su totalidad aquel documento y cuán perversa y bandidesca fue la lógica que lo atraviesa.

Fue precisamente en base a este documento bandidesco que Japón inventó toda clase de tratados desiguales mediante el chantaje al gobierno feudal de Corea y ocupó a nuestro país de un golpe, y así obligó a nuestro pueblo el destino de esclavo colonial durante más de 40 años haciéndolo sufrir de todo tipo de desgracia y dolor.

Durante todo el período de la dominación facista colonial de Japón, la cifra de los coreanos asesinados brutalmente llegaron a más de un millón, los jóvenes llevados a fuerza a los trabajos forzados y reclutamientos militares llegaron a más de 8 millones 400 mil, 200 mil mujeres coreanas fueron obligadas a ser esclavas sexuales del ejército japonés, así como, cantidades incalculables de recursos naturales y riquezas fueron saqueados y destruidos sin excepción alguna.

Los diversos materiales sobre los hechos de que los imperialistas japoneses, después de la ocupación a Corea, difundiendo los disparates tales como “Japón y Corea forman una nación” y la “misma cepa y la misma raíz”, intrigaron a asimilar a la nación coreana decretando como ley el cambio de los nombres coreanos por japoneses y la enseñanza del idioma japonés, figuraron a nuestro país en el mapa mundial como territorio japonés e hicieron todas las maquinaciones para deshacerse de hasta el último pedazo de libros y reliquias coreanas, demuestran claramente que la agresión de Japón a Corea no fue una simple invasión territorial sino un inaudito crimen de lesa humanidad de talla especial perpetrada para exterminar cabalmente la nación, la historia y la cultura y todo lo que exista sobre esta tierra coreana y convertirla en suya para siempre.

Aunque analicemos sobre la historia de la dominación colonial de los pasados estados agresores y anatomicemos la astucia y la crueldad de sus métodos de agresión inscritas en la historia de la humanidad, es difícil encontrar un agresor tan atroz, despiadado, brutal y sínico como el imperialismo japonés, y los crímenes sin precedentes perpetrados por el imperialismo japonés contra nuestro pueblo no pueden ser ocultados en las oscuridades de la historia y sus cuentas deben saldarse sin falta.

Sin embargo, Japón, olvidando todavía las lecciones de la historia y con el propósito de revivir el espectro de la “Esfera de coprosperidad de la gran Asia Oriental”, todavía inventan leyes de guerra para una nueva agresión tales como la “ley relativo al aseguramiento de la seguridad” y se comporta descaradamente insistiendo en su derecho de posesión sobre la isla Tok, nuestro sagrado territorio.

A pesar del largo tiempo transcurrido, hay que lograr que se hagan de manera cabal la petición del perdón y las indemnizaciones por los crímenes sin precedentes cometidos por el imperialismo japonés contra nuestro pueblo. Esto constituye hoy día nuestra firme posición y la voluntad de nuestro pueblo sobre Japón de lograr la liquidación de cuentas.

Japón debe actuar con juicio por su futuro sabiendo claramente que, en el caso de que en una forma de amontonar un crimen sobre otro, siga ignorando hasta el fin la liquidación de cuentas del pasado y, entregándose a las maniobras de tergiversación de la historia, no rompa para siempre con los vicios del pasado en que se aferraba a las invasiones, nunca podrá quitarse de la infamia de la historia ni librarse del destino catastrófico .

Sin las honestas y sinceras petición del perdón y reflexiones por los crímenes del pasado, nunca podrá vivir con la cabeza erguida.

 

Kim Jong Hyok, investigador del
Instituto de Estudio sobre Japón
del Ministerio de Relaciones Exteriores de la RPDC