Peligrosa hierba venenosa que crece en el clima y suelo de un país criminal de guerra

Recientemente en la sociedad japonesa se intensifican extremadamente los movimientos que intentan negar y tergiversar los hechos históricos relacionados con los crímenes del gran genocidio contra los coreanos perpetrados cuando el gran terremoto de Kanto(1 de septiembre de 1923) y las barbaridades de la guerra bacteriológica de la unidad 731 del ex-ejército japonés, objetos de indignación de todo el mundo.

Como se ha informado, el pasado 1 de septiembre, en el parque del barrio Sumita del área metropolitano de Tokyo, tuvo lugar bajo los auspicios de la Asociación Japón-Corea y otras entidades una actividad del rendimiento del tributo a la memoria de los coreanos que el imperialismo japonés asesinó indiscriminadamente cuando se produjo el gran terremoto de Kanto. Los participantes revelaron sobre los hechos de que Japón divulgó rumores falsos y que utilizando estos como pretexto asesinó masivamente a los inocentes coreanos poniendo en acción hasta la organización conservadora de la extrema derecha como el “Cuerpo de Autovigilancia”para no hablar ya del ejército y policía.

El problema es que el mismo día, al contrario de esto, las emergentes organizaciones derechistas que acudieron a la manifestación que sostienen informar la verdad de lo ocurrido cuando el terremoto de Kanto, libraron las frenéticas propagandas demagógicas diciendo que los documentos que relatan sobre el genocidio contra 6, 000 coreanos son “falsedades sin pruebas” y que no debe dejar tal como está al monumento de condolencia de los coreanos.

Lo más grave es el hecho de que los netizens de Japón, en relación con que un hombre que sirvió a la unidad 731 del ex-ejército japonés testimonió la verdad de que hasta los niños de 14 años de aquel entonces se alistaron y se dedicaron a la guerra bacteriológica, insertaron más de 10, 000 artículos sosteniendo “la unidad 731 solo empleó los universitarios, está claro que es mentira”.

Respecto a esto, los personajes concienzudos de Japón presentaron como prueba los registros de varios documentos oficiales mostrando que en la unidad 731 existió un “Cuerpo de niños” perteneciente al ejército, al cual podían afilarse aunque sea de 14 años de edad y allí formaron a los técnicos especializados y ayudantes que se encargaban de la guerras bacteriológica, y así se confirmó una vez más como un evidente hecho histórico.

Aunque han transcurrido 97 años desde que se perpetraron los crímenes de genocidio contra coreanos en Kanto, el gobierno japonés no ha hecho ni clara petición de perdón ni indagación de la verdad del acontecimiento. Lo mismo ocurre con su posición respecto a las barbaridades de la guerra bacteriológica de la unidad 731 del ex-ejército japonés.

Es el gobierno japonés que, con la repetición de las mismas palabras de que “por la carencia de contenidos concretos no se puede comprobar que el departamento de logística de prevención de epidemia del ejército Kwantung (otro nombre de la unidad 731) realizó la guerra bacteriológica”, evade la responsabilidad de las barbaridades de la guerra bacteriológica que hizo al mundo temblar de indignación.

Entonces, ¿por qué sería que hoy día, que hemos llegado en la década 20 del nuevo siglo, en la sociedad japonesa se hacen más excesivos los movimientos que intentan negar obstinadamente y tergiversar sin reflexión alguna los hechos históricos?

En una palabra, eso se debe al proceder de las autoridades de Japón que, vendiendo los hechos históricos como algo “masoquista”, han venido evadiendo la real liquidación de la cuentas del pasado a través de tales pasos como la investigación de la verdad sobre crímenes del pasado y el castigo de los criminales y han dado vista gorda a los actos organizados de tergiversación de la clara verdad e introducción del erróneo concepto histórico y los promovieron y ampararon.

Los intentos de Japón de encubrir la historia criminal que hace un siglo, abrigando la ilusión agresiva de la “esfera de coprosperidad de la gran Asia oriental” anegaron en el mar de sangre al continente asiático y tomaron como política estatal el exterminio de la nación coreana no pueden ser tolerados de ningún modo.

La sangrienta historia de barbaridades del imperialismo japonés jamás puede ser cubierta por musgos del tiempo.

La peligrosa hierba venenosa que crece en el clima y suelo de un país criminal solo traerá desgracias aun mayores a la sociedad japonesa.

Esto es la razón por la cual hay que sacarla de raíz y botarla cuanto antes.

 

Cha Hye Kyong, investigadora del Instituto de Estudio sobre Japón del Ministerio de Relaciones Exteriores de la República Popular Democrática de Corea